Sábado, 18 Agosto 2012

Un debut muy esperado

El sábado 9 de Junio Martín se levantó más ansioso que de costumbre, sabía que era un día importante para el y sus compañeros, durante semanas habían estado esperando el momento para empezar las reformas en el Rincón de Todos. Casi sin quererlo le había tocado cumplir el rol de referente, más aún ese día que Cecilia no podía asistir.

Antes de llegar al club había que pasar por la barraca y hacerse de los materiales que se usarían en la obra, tarea sencilla si se obvia el detalle de que no contábamos con vehículo, la barraca no realizaba envíos hasta el lunes y ningún taxi iba a poder para trasladar tantos kilos. Agustín asumió la tarea y terminó contratando un flete para poder llevar los materiales.

A pesar de la fría mañana de Junio, unos 15 "horneros" esperaban con ansiedad la llegada de Martín, el los divisó dos cuadras antes de llegar y sintió culpa por su leve retraso. Ni bien se abrieron las puertas del Rincón de Todos los chicos lo inundaron con su energía y trabajo, en menos de 10 minutos ya se habían dividido en grupos para pintar y rasquetear. Los chicos plasmaron todas las virtudes de la juventud en sus tareas. Martín sintió el contagio de inmediato, se le fue el sueño y las dudas de la mañana, no hubo tiempo para titubeos, ni para presentaciones banales, ni para calentar el agua del mate, y aunque por momentos sentía que no le correspondían ciertas decisiones, era tal la demanda de tareas de los laboriosos "horneros" que hubo que improvisar respuestas.

Entre ese torbellino de juventud Martín no tardó en reconocer el rostro maduro de Gastón, el oficial, el profesional, el docente. Su presencia era fundamental para dotar de cierto orden a nuestros anárquicos impulsos. A eso de las 10am llegó Agustín, usando el improvisado flete para tratar los esenciales materiales. Entre Agustín, Gastón y Martín quedó conformado el equipo de "adultos" que se iba a encargar de acondicionar la pared del pasillo. Paradójicamente parece ser que el primer paso del acondicionamiento de una pared es la destrucción de la misma. Es así que los dos principiantes, siguiendo las indicaciones del profesional, literalmente bombardearon la pared provistos de, un martillo, un corta fierros y un no sé qué parecido a un martillo. Martín sintió como su mano se ampollaba a los 20 minutos, se sintió un poco avergonzado pero continuó su trabajo. Lamentó no haber traído guantes, su piel 2.0 no estaba acostumbrada al uso del martillo. A de las 12 la pared quedó totalmente deshecha. 

Los eficientes "horneros" culminaron su jornada y nos despedimos de ellos con una foto para el recuerdo. Martín sintió una enorme gratitud para con esos gurises que habían cedido su valioso tiempo, por eso, y una vez más haciendo uso y abuso de su rol, tomo la palabra y les agradeció en nombre del Rincón de Todos. Justo en ese instante empezó a llegar el resto del equipo, Bernardo, que comenzó a organizar el almuerzo, y Charo y Antonio que se sumaron al trabajo de la pared del pasillo. También llegaron Álvaro y Daniela que vinieron a prestarnos más herramientas, como para que no haya excusas para no trabajar.

Antes del almuerzo comenzamos a enmendar la pared, la "cargamos" con material y utilizamos el sorprendente "frestacho" para alisar la mezcla. A esta altura es importante aclarar que el frestacho no es un electrodoméstico como se imaginó Martín, sino que es, básicamente, una madera con mango. El almuerzo consistió de unos sabrosos fideos con tuco que compartimos en el patio del Rincón de Todos, a esa altura ya se había sumado al equipo Lucila. El toque femenino fue fundamental para redondear el trabajo de los horneros que el tiempo no les había permitido culminar. Así aparecieron casi mágicamente los números de la rayuela y otros detalles.

En la tarde estaba planeado que Gastón se encargara de la delicada tarea de "hacer la fina", así que el resto se dedicó a darle una segunda mano a la puerta del salón de deberes, lijar las otras puertas y comenzar las tareas de limpieza. Petra, Nani y Caro se sumaron al equipo con mucha energía y tomaron la iniciativa. Charo, lesionado de su muñeca, se le asignó el rol de cebador a la cual se abocó con dedicación por el resto de la tarde. Martín hizo una pausa, observó a sus amigos y sonrió feliz, comprobó una vez más que la sinergia de lo grupal es ampliamente superior al conjunto de impulsos individuales.

Gastón no pudo terminar su trabajo. Martín no supo determinar las causas, ni siquiera entendía si le correspondía al hacer evaluaciones, era claro que el no tenía ni la formación técnica ni la autoridad suficiente como para determinarlo, pero también estaba claro que el trabajo no había quedado como estaba previsto. Igualmente se le pagó al oficial por su horas y se lo despidió cordialmente.

Una vez culminadas las tareas de limpieza y orden se despidieron del Rincón de Todos. Como para adornar la intensa jornada, se cruzaron con Viky, una de las chicas que asiste la club. Martín la presentó al resto del equipo y noto satisfacción en el rostro de sus agotados amigos, el trabajo de hoy se personificaba en la pequeña figura de Viky. Sabían que que quedaba mucho por hacer, pero el primer paso estaba dado. 

La evaluación fué espontánea: ¡nos vemos el sábado que viene!

INJU INJU

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